Antihéroe

No soy ningún héroe, ni nunca he pretendido serlo. Es como si llevara muerto cuatro días.

Soy la consecuencia de las circunstancias adversas y de estos tiempos oscuros que nos han tocado vivir a todos, un daño colateral más, otro número para la fría estadística. He visto cosas muy duras estas jornadas, cosas que nadie debería ver nunca en su vida. Y esto es el resultado de la mala gestión, del egoísmo de nuestros gobernantes y, por qué no decirlo, de esta sociedad. Las mismas gentes que ahora son una piña, no hace tanto que se estaban sacando las tripas unos a otros. Sí, vivimos en un país de memoria demasiado frágil. Supongo que cuando acabe todo esto se inaugurarán unos cuantos monumentos, los políticos venderán que la sociedad ha cambiado, que hemos aprendido la lección… y dentro de un año, en el mejor de los casos, volveremos a las andadas.

Soy bombero y se me ha fundido el alma por completo. Esto ocurrió hace cuatro días. Desde esa mañana de lunes, ya no soy la misma persona, ni siquiera siento que pueda volver a considerarme parte de la humanidad, al menos, no de la humanidad que deja morir a veinticinco ancianos en una residencia, como perros abandonados, solos, sin ningún familiar cerca porque un virus se lo impide.

Pienso en mi padre, que tiene Alzheimer y solo se acuerda de las caras de sus hijos porque las neuronas hacen alguna buena conexión de vez en cuando, que cuando nos ve sonríe, aunque no sepa explicar el porqué. Pienso en lo que sentiría si muriera solo, sin ninguna cara conocida junto a él. Se sentiría perdido y triste. El lunes se produjo mi muerte interior. Y eso que se supone que debería estar acostumbrado a estas cosas, pero las imágenes de esas personas fallecidas siguen dando vueltas en mi cabeza, hora tras hora, como un tiovivo que se hubiera cortocircuitado.

He presentado mi renuncia al cuerpo de bomberos esta mañana, puesto que ya no podría seguir ni un día más en ese trabajo. Se salvan vidas, sí, pero necesito algo más. Necesito sentir que formo parte de una sociedad que no se olvida de sus mayores. Si me dejan, voy a hacerme voluntario para prestar mi ayuda en una de esas residencias, hoy mismo. No creo que me rechacen, porque no están muy sobrados de personal.

Y cuando esta pesadilla acabe, iré a visitar a mi padre. Cada día. Lo prometo.

 

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